Disciplina de partido y libertad de expresión
Política (general) Noviembre 26th, 2007
Hoy me he puesto al día con la columna que escribe Javier Ortiz en Publico.es, y me he topado con una reflexión sobre las opiniones personales y la disciplina de partido que termina con la siguiente y desalentadora conclusión (especialmente para l@s que alguna vez hemos ido en listas electorales):
Todo el mundo considera que tus opiniones actuales son fruto de tu propia reflexión independiente, y se te valoran como tales. Pero, si te metes en una candidatura de partido, van a tomarlas como actos de disciplina rutinaria, burocrática. Eres social y políticamente más útil no adhiriéndote a ninguna candidatura.
Una reflexión que viene al hilo de aquél meme propuesto por Happy Butcher, en el que nos pedía que vendiéramos nuestra alma al mejor postor.
Será porque yo nunca he seguido demasiado eso que llaman disciplina de partido, y creo que el hecho de militar en una formación política no restringe mi derecho a opinar y a criticar, desde el respeto y con argumentos, lo que considero criticable, que estas opiniones me resultan especialmente descorazonadoras.
¿Está realmente tan extendida la opinión de que cuando militas en un partido, todas tus opiniones en política están “filtradas” de alguna manera por el colador ideológico del partido? No sé si es una opinión extendida, lo que sí sé es que es errónea.
Creo que cuando una persona entra a militar en un partido político, no pierde por ello su capacidad de análisis y de crítica de aquéllo que considera que se debe cambiar en nuestra sociedad: al contrario, se le abren vías de trabajo internas para lograrlo. Y si el propio partido no está haciendo las cosas bien, la obligación del militante comprometido es hacer llegar su opinión a quien corresponda. Cierto que entre tener una reunión con el primer secretario o el secretario de organización de la agrupación o federación que corresponda, y actuar como lo ha hecho Rosa Díez hay una distancia insalvable. El respeto y la utilización de las vías internas establecidas precisamente para canalizar la crítica de forma constructiva están para utilizarlas. Esto no significa que, de puertas para fuera, tengamos de alguna forma prohibido criticar aquéllo que el partido no hace bien y tengamos que ceñirnos al 100% al argumentario oficial.
Por mi parte, nunca me he encontrado con ningún problema, y mira que las he dicho gordas. No me considero ni la enfant terrible del partido, ni tampoco alguien a quien haya que mimar especialmente y tratar con condescendencia. Siempre he sostenido, y lo sigo haciendo, que es preferible que un amigo te diga lo que haces mal con voluntad de reconducirte por la vía correcta, a que sea un enemigo quien te saque las faltas con ánimo de destriparte.
¿Que el partido se convierte en una olla de grillos si cada uno mantiene una posición distinta sobre cada tema? No, hombre, no. Se presupone que cuando uno decide afiliarse a un partido político lo hace con el convencimiento de que comparte una parte importante de su ideario. Por seguir con el ejemplo de Rosa Díez, no tiene sentido seguir militando (y en ese caso además tener un cargo público obtenido por figurar en una lista del partido) y sostener en prácticamente todos los temas que trataba públicamente la misma opinión de otro partido distinto. Esto no significa que cuando uno pida el carnet de militante tenga que compartir obligatoriamente el 100% de las posturas oficiales del partido, habrá unas que sí comparta y otras que no, igual que en lo que respecta la práctica diaria de la política; pero afiliarte implica por lo menos que compartes, si no todas, la mayor de las posturas oficiales del partido respecto a los grandes temas políticos. ¿Y si no las compartes, para qué te afilias? (¡ejem! ese sería otro tema…). Pero que compartas la mayor parte de las posturas del partido no quiere decir que tengas que guardar silencio en aquéllas que no compartes, sino todo lo contrario.
Y, para finalizar con esta reflexión ad hoc, creo que es mucho más honesta una postura personal en la que se puedan defender las posturas oficiales del partido en las que uno cree, pero sin necesidad de asumir con falsedad aquéllas en las que no está de acuerdo. No podemos hacerlo todo bien, todo el tiempo. En algo, invariablemente, nos equivocaremos, porque cualquier partido está formado por personas que hacen su trabajo lo mejor que pueden porque creen en lo que hacen y creen que con su trabajo podrán contribuir a que una mayoría de ciudadan@s vivan mejor. Y en esta tarea hay cosas que hacen bien y cosas que hacen mal, como todo el mundo. Por eso creo que resulta mucho más convincente una postura honesta, crítica cuando tiene que serlo, con la política y la práctica política del partido en el que se milita. El partido no debe limitar la libertad de expresión de nadie, pues es precisamente esta libertad de expresión su mayor activo, con lo que conseguirá que sus dirigentes se ganen el respeto y la confianza de la ciudadanía, que bastante desencantada está con la política y sus representantes (no estaría de más una reflexión interna sobre hasta qué punto la asunción acrítica de los argumentarios del partido y la falta total de autocrítica han contribuido a llegar a esta situación).
Ha llegado mi momento. Voy a hacerme militante del PSC.
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11 comentarios en “Disciplina de partido y libertad de expresión”
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Noviembre 26th, 2007 a las 9:07 pm
Una excelente reflexión que comparto totalmente, muy a menudo me han dicho que mi partido me dicta lo que debo no decir, incluso que estoy a sueldo de el. Y no es para nada así, simplemente soy un militante y en mi blog hablo de lo que quiero, está claro que me vuelco en época de elecciones en apoyar a mi candidato, pero nadie me dice que lo haga, ni como he de hacerlo y cuando algo me parece mal o digo sin ningún problema.
Como tu dices, lo de Rosa Díez es otro tema, si en algún momento discrepase tanto de mi partido, lo primero que haría es borrarme de él.
Saludos.
Noviembre 26th, 2007 a las 9:10 pm
Sin duda: no debe restringirse la libertad de expresión de los diputados, mucho menos la de los militantes. Ahora bien, en el caso de los diputados, dado que son elegidos dentro de listas, sí creo que deben asumir la disciplina de voto; de lo contrario, se estaría defraudando a los electores que confiaron en el programa de un partido, lo votaron y ahora resulta que algún ideas-brillantes que habían en la lista va y vota por libre.
Y si es tan aberrante que haya disciplina de voto, que se abran las listas ya y que los diputados —no los partidos— se ganen su propio escaño.
Noviembre 26th, 2007 a las 10:29 pm
Soy de los que pagan la cuota al PSOE, he sido cargo público y en nunca me ordenaron callar ni salir a defender al partido en temas en los que particularmente discrepaba. Es cierto que muchos entiende la militancia, palabra horrible por cierto, como la anulación del individuo para convertirse en un resorte del partido y que debe salir a defender a su formación política incluso en lo indefendible. Es cierto también que existen compañeros que te afean la discrepancia, pero ¿qué le vamos a hacer? En todos sitios cuecen habas.
Noviembre 26th, 2007 a las 11:10 pm
Deia Chesterton, un capellà britànic escritor de novel·les d’intriga, que quan anava a l’església a escoltar missa es treia el barret, però en cap cas el cap. Doncs, tres quarts del mateix en els partits polítics… no penses?
salut i felicitats per l’opció,
ignasi
Noviembre 27th, 2007 a las 12:39 am
Fíxa’t bé amb el que està passant ara a rodalies i amb l’ave:
digues si no seria la disciplina de vot deguga als votants, no al partit, la que obligaria als diputats i regidors a votar en consciència per la dimissió de la ministra de Foment.
Un representant popular es deu al partit o als electors?
El president Montilla es deu als catalans o al PSOE de Madrid?
La disciplina de partit allunya els ciutadans de la política i és contrària a la democràcia tot sovint.
Pensa una mica, no en termes de partit, sino d’interés de la majoria.
Noviembre 27th, 2007 a las 1:44 am
Esta claro que un partido no debe minar la libertad de expresión, pero soy de los que creen que los trapos sucios se deben lavar en casa.
Aveces uno debe morderse la lengua antes de decir según que cosas.
Noviembre 27th, 2007 a las 6:33 am
Bah, poca moral. Uno tras pensar lo mismo decidió hacerse militante de la FSM. :-).
(Hablando de organizaciones llenas de zombies…)
Noviembre 27th, 2007 a las 9:59 am
El militar activamente, ACTIVAMENTE, en un partido no sólo no coarta tus opiniones, sino que las que enriquece con las de otros compañeros, que obviamente están en tu sintonía política, por eso militan en el mismo partido que tú, pero con los que puedes tener divergencias tácticas, estratégicas e incluso programáticas. La teórica libertad de expresión del independiente es un mito, el tambien está mediatizado por el entorno, pero de además de una forma no orgánica, no reglada. Llevo militando desde que tenía 14 años, en 1970 en la Juventud Comunista, no es que fuera un héroe, es que la situación era otra, y hoy soy militante del PCE, nunca, ni en la clandestinidad, he reprimido, ni me han coartado mi libertad de expresión; a cambio si he sido siempre respetuoso con la política adoptada por la mayoría del partido. Y cuando tuve que optar por dos opciones radicalmente enfrentadas, opté por el PC. de Ignacio Gallego (luego PCPE), seguí manteniendo mis opiniones contrarias a la dirección del partido cuando lo consideré oportuno. La decisión de militar en le PSC es para dar felicitaciones, aunque yo hubiera preferido el PSUCviu o el PCC
Noviembre 27th, 2007 a las 11:20 am
Por algún motivo, al releer este post me pasaba por la mente la imagen del Borrell joven enfrentándose al aparato del partido, pidiendo primarias, ¡y ganándolas!
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. Estoy de acuerdo con todos vosotros en la mayor parte de las cosas
Noviembre 27th, 2007 a las 6:18 pm
Te leo, como casi siempre, tarde. Pero no por ello me voy a privar de decirte algunas cosas: la primera es darte la bienvenida al PSC, aunque tú, sin carnet, llevas tiempo haciendo por nuestro proyecto y por el de la izquierda en general más que muchos que tienen el carnet. No es mala edad 26 para entrar al partido. Yo entré con 25, con la intención de poner mi granito de arena para la consecución de unos objetivos que compartía, y después de más de 20 años aquí sigo, con la misma ilusión, y sin que nunca, nadie, me haya efectuado ningún reproche por la expresión libre de mis ideas. A veces son compartidas por muchos, a veces por poquitos. A veces estas con la mayoría, otras te quedas en la minoría. Pero así es y así debe ser, y si a uno le cuesta a veces ponerse de acuerdo con la pareja, ¿cómo vas a pretender estarlo siempre no ya con miles, sino incluso con una decena de compañeros?
Desde la postura antipartidos y antipolítica que (interesadamente en muchos casos, añado) impregna una buena parte de nuestra sociedad y, sobre todo, de sus medios de comunicación, hay muchos que no entienden que, como tú dices, se puede discrepar sin convertirse en una olla de grillos, y se puede tener disciplina sin convertirse en un borrego. Pero muchos sabemos que es perfectamente posible. Y es que, ante esa acusación de que uno dice lo que dice o piensa lo que piensa porque está en el partido, yo contesto que es más bien al contrario, yo estoy en el partido porque pienso lo que pienso, y porque en ello coincido en buena medida (difícilmente al cien por cien) con las propuestas que el partido plantea. Y si llega el día en que no sea así, y lo que es coincidencia se convierte en discrepancia, ese día me buscaré un sitio donde esté más a gusto. Aunque me huelo que eso difícilmente pasará (salvo que el partido cambie mucho, que yo cambie mucho, o ambas cosas).
En fin, perdona por el tostón. Como le comentaba ayer a una amiga común, esta costumbre tuya de explicar tu cotidianeidad en vivo y en directo le da a uno una familiaridad que lleva a tomarse este tipo de licencias.
Noviembre 27th, 2007 a las 6:22 pm
Manuel, para nada tostón, al contrario, me encanta.
Creo que es un buen resumen tu frase: no pienso lo que pienso por estar en el partido, más bien estoy en el partido por pensar lo que pienso.