Mi modelo educativo

Iglesia, Religión y otras cosas de comer, Política (general), Sociedad Noviembre 15th, 2005

Como lo prometido es deuda, este es el post que os comentaba sobre el modelo educativo que creo más adecuado. Como no soy política, me permito fantasear un poco, faltaría más, y realizar afirmaciones contundentes. Porque yo no tengo que pactar ni consensuar nada con nadie.

Para empezar, creo que tanto la religión como la ética y la moral deben quedar fuera de la escuela, tanto pública como privada. Creo que la educación debe estar totalmente desprovista de ideología, y que deben ser los padres quienes proporcionen una educación en valores a sus hijos, y no el Estado. En este sentido, la asignatura de religión como materia extraescolar me parece un mal menor. En ningún caso creo que deban ser evaluables ni el conocimiento ni la doctrina católica (ni de ninguna otra confesión religiosa), ni tampoco el haber comprendido e interiorizado una serie de valores éticos o morales.

Considero que los padres no deben hacer dejación de sus obligaciones como educadores de sus hijos y delegar en los profesores: deben ser los padres quiene proporcionen educación religiosa (en la línea ideológica que deseen, si lo desean), ética, moral, y también sexual, sobre drogas, etc. El adoctrinamiento infantil no me parece tolerable, desde ningún punto de vista.

Ahora bien, tras estas tajantes afirmaciones viene el matiz: creo que hay una serie de contenidos que sí deben figurar, de alguna manera, en los programas educativos, y creo que la asignatura “Educación para la ciudadanía” puede ser una buena manera de integrarlos. Me refiero a los contenidos de los que yo dotaría esta asignatura, y no a los que contiene en el programa del Gobierno, pues ya ha quedado dicho que lo desconozco:

  1. Respeto por las leyes, en el conocimiento, eso sí, de que se pueden cambiar si la ciudadanía así lo decide.
  2. Principios rectores y contenidos básicos de la Constitución Española y sus procedimientos de reforma.
  3. Principios rectores y contenidos básicos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Son éstos contenidos que creo que no todos los padres están capacitados para transmitir a sus hijos. E insisto en la necesidad de que estos contenidos representen áreas de conocimiento de los que se puede discrepar, y no dogmas o valores supremos inamovibles. La dictadura del relativismo, lo sé, se siente.

Queda claro, pues, que creo que la formación en valores y en ideología debe ser competencia exclusiva de los padres. Ahora bien: la historia de las religiones (nótese el plural) me parece una materia importante. No me atrevería a proponerla como materia obligatoria, como historia o filosofía (a la que ahora me referiré), pero desde luego sí evaluable. Repito: Historia de las religiones, no se me confundan intencionadamente para buscarme las cosquillas, que nos conocemos.

Me decanto entre incluir “historia de las religiones” como un módulo dentro de la asignatura de historia (y los profesores de historia me odiarán, porque bastante abultado es ya el temario de esta asignatura, casi siempre difícil de cumplir en el tiempo que dura el curso), o bien (por lo que me inclino últimamente), convertirla en una asignatura independiente, como Historia del Arete o Mitología Greco-Romana. Los grados son útil, necesario e imprescindible para determinar el grado de obligatoriedad de la asignatura de historia de las religiones.

Incorporar al temario de la asignatura de filosofía (siempre haciendo amigos: ahora me odiarán también los profesores de filosofía) el pensamiento de filósofos católicos, como por ejemplo San Agustín, a la misma altura que Sócrates o David Hume (la referencia a este último no es casual), creo que ayudaría a completar el puzzle del conocimiento de las grandes corrientes filosóficas de la historia.

Y en cuanto a pasar de curso con 2, con 3 o con 4 asignaturas, o con las que sean, aunque sean troncales como lenguaje o matemáticas, por supuesto me parece fatal. Pero repetir el curso entero, incluidas las materias aprobadas, por haber suspendido 2 ó 3 asignaturas tampoco me parece lo más efectivo. Las clases de refuerzo son una buena medida para anticiparse al problema, pero si esto no funciona, resignarse no es la mejor opción, desde mi punto de vista. Eliminando la recuperación en septiembre parece que ha sido peor el desastre que se ha provocado que lo que se pretendía solucionar.

Una fórmula que se me ocurre, aunque desconozco las posibilidades de aplicación práctica, y quizá suene un poco fuerte, es la implantación de un modelo pseudo-universitario en la educación primaria y secundaria: me refiero a que si un alumno suspende matemáticas de 1º, curse todas las asignaturas de 2º excepto matemáticas, y curse las matemáticas de 1º hasta que las apruebe. Para los centros, desde luego puede ser un tremendo follón organizativo, pero bien coordinado en cuanto a horarios, creo que redundaría en beneficio de los alumnos (que es, al fin y al cabo, de lo que se trata), al representar una vía intermedia entre pasar de curso con varias asignaturas suspendidas o repetir el curso entero, incluso las asignaturas aprobadas.

Y por último un aspecto del que no he oído hablar en este debate, pero también me parece importante: el tiempo lectivo, y los bloques en los que se divide. No sé si continuará siendo tónica habitual, pero en mis tiempos de estudiante de primaria y de secundaria era una frase recurrente de los profesores el no poder terminar los temarios y tener que dar el volumen de conocimientos a la carrera. Cada vez que se habla de reducir los tiempos de vacaciones para ampliar el escolar, inmediatamente se hacen sentir las protestas de los profesores, que verían aumentada su jornada laboral anual. Esto ya es tema de otro post.

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